¿Y SI EL TAROT NO FUERA LA RESPUESTA, SINO LA PUERTA?

Quizá el Tarot no está aquí solamente para responderte. Quizá está aquí para mostrarte por dónde comenzar a mirar.
Durante mucho tiempo nos hemos acercado al Tarot buscando respuestas: ¿Qué va a pasar?¿Qué debo hacer?¿Esta relación funcionará?¿Estoy tomando la decisión correcta?
Hacemos una pregunta, barajamos, sacamos una carta y esperamos encontrar allí algo que nos diga hacia dónde ir. Pero últimamente mi relación con el Tarot está tomando otra dirección.
Cada vez me interesa menos preguntarme solamente:
“¿Qué me está respondiendo esta carta?”
Y cada vez me interesa más preguntarme:
“¿Qué acaba de abrir en mí?”
Porque quizá la carta no sea el final de la consulta. Quizá sea apenas la puerta de entrada.
EL TAROT NO SIEMPRE FUE LO QUE HOY CREEMOS
Hay algo que me parece fascinante, según entiendo el Tarot ni siquiera nació como una herramienta de adivinación. Los primeros mazos que reconocemos como tarot aparecieron en la Italia del siglo XV y fueron utilizados como cartas de juego. Su transformación en una herramienta vinculada a la adivinación y al esoterismo ocurrió siglos después, especialmente a partir del siglo XVIII. Es decir, el Tarot ha cambiado de función a lo largo de su propia historia.
Hoy conviven muchas formas de relacionarnos con él. Para algunas personas es una herramienta adivinatoria; para otras, espiritual; y también existe un uso contemporáneo del Tarot como espacio de introspección y exploración personal. Incluso investigaciones cualitativas han documentado personas que utilizan las cartas para obtener nuevas perspectivas sobre situaciones presentes y explorar posibles acciones. Y ahí es donde mi propia práctica comienza a encontrar su lugar. Yo no quiero que el Tarot viva mi vida por mí, quiero que me ayude a mirarla.
ESTA SEMANA EL TAROT ME ABRIÓ UNA PUERTA
Al comenzar esta semana saqué un Arcano guía. Apareció: EL JUICIO. Podría haber leído su significado, reflexionado sobre él y guardar las cartas, pero sentí que la conversación no había terminado. El Juicio me hablaba de llamado, reconocimiento, despertar, de algo que pedía ser escuchado. Así que no pregunté inmediatamente: “¿Qué más va a pasar?", Me pregunté: “¿Hacia dónde me está llevando esto?”
Y sentí ir hacia los ancestros.
Abrí uno de mis oráculos y apareció una carta: LA VIDA NO ENCARNADA. Y entonces ocurrió algo que cada vez reconozco más en mi manera de trabajar. El Tarot abrió la puerta.El oráculo me llevó más adentro.
NO TODO SÍMBOLO TIENE QUE CONVERTIRSE EN UNA CERTEZA
Aquí ocurrió algo importante. Yo no conozco una historia concreta en mi familia que pueda atribuir a esa carta. No sé si existió una vida que intentó llegar y no pudo hacerlo, y no necesito inventarla, para mí, trabajar con lo místico no significa convertir cada carta, sensación o símbolo en una verdad literal, puedo permitir que algo permanezca en el territorio de lo simbólico.
La pregunta entonces deja de ser:
“¿Esto ocurrió realmente?”
y puede convertirse en:
“¿Qué despierta este símbolo en mí?”
En mi caso apareció una necesidad: reconocer y honrar. Y sentí que leer las cartas ya no era suficiente. Necesitaba llevar aquello a otro lenguaje. Al lenguaje del fuego.
DEL TAROT A LA CEREMONIA
Preparé una de mis velas de proceso, la que utilizo para trabajar simbólicamente con los ancestros. Elegí también una vela en forma de ángel. Coloqué cuarzo blanco, una piedra para enraizarme y las cartas que habían abierto aquella experiencia. Pedí permiso y acompañamiento a nuestros ángeles y ancestros. Y ofrecí aquella luz a cualquier vida o energía vinculada a mi historia o a mi linaje que pudo haber querido encarnar y no llegó a hacerlo. No necesitaba saber quién era. No intentaba invocarla. No quería conseguir otra respuesta. Quería hacer un gesto de reconocimiento. Honrar su tránsito. Ofrecer luz, y permitir que aquello que había comenzado como una carta sobre una mesa pudiera convertirse durante unos minutos en una experiencia vivida.
UNA HERRAMIENTA PUEDE ABRIR LA PUERTA A OTRA
Esta experiencia me hizo reconocer algo que llevo tiempo haciendo casi intuitivamente.
No siempre trabajo el Tarot, los oráculos, las Diosas, la Luna, la naturaleza, el fuego y las ceremonias como mundos separados, a veces, el Tarot abre una pregunta.mUn oráculo permite profundizarla. Una Diosa puede mostrar un arquetipo. La Luna puede hacerme observar un ritmo. La tierra puede devolverme al cuerpo. El fuego puede ayudarme a marcar un momento. Y una ceremonia puede dar forma a aquello que necesito reconocer.
No existe una receta. No creo que después del Tarot haya que sacar un oráculo, ni que después de un oráculo haya que encender una vela. ni que absolutamente todo necesite convertirse en ritual. La siguiente herramienta aparece cuando la experiencia la necesita. Y esto cambia completamente mi relación con lo místico, porque dejo de preguntarle constantemente a algo externo qué debo hacer… y comienzo a observar qué está ocurriendo dentro de mí cuando el símbolo aparece.
LA CEREMONIA NO ES PARA HACER QUE EL TAROT “SE CUMPLA”
Esta distinción es fundamental para mí. No hago una ceremonia para obligar a que ocurra lo que apareció en las cartas. No intento controlar un resultado. La ceremonia tiene otra función: DAR CUERPO A ALGO QUE HASTA ESE MOMENTO SOLO HABÍA SENTIDO, PENSADO O COMPRENDIDO.
Puedo saber que algo terminó. Pero detenerme, encender una vela y reconocer conscientemente: “Esto terminó” es otra experiencia. Puedo saber que una etapa está comenzando, pero marcar ese comienzo puede ayudarme a entrar en ella con presencia, puedo sentir agradecimiento, ero convertir ese agradecimiento en un gesto hace visible algo que hasta entonces solamente vivía dentro de mí, la ceremonia no sustituye la vida.
Me ayuda a estar presente dentro de ella.
POR ESO CREO ORÁCULOS CEREMONIALES
Ahora entiendo mejor por qué esta palabra es tan importante para mi trabajo. Cuando digo oráculos ceremoniales, no me refiero simplemente a mazos de cartas que incluyen rituales, es algo más profundo. Una carta puede mostrarme un símbolo. Ese símbolo puede abrir una pregunta. La pregunta puede llevarme hacia otra capa de mí misma. Y aquello que encuentro puede pedirme algo:
Quizá escribir.
Descansar.
Conversar.
Poner un límite.
Caminar.
Llorar.
Volver a la naturaleza.
Encender una vela.
Celebrar.
Despedirme.
O simplemente quedarme en silencio.
ESTO ES LO QUE EMPIEZO A LLAMAR AUTOCONOCIMIENTO MÍSTICO
No quiero utilizar lo místico para escapar de mi vida cotidiana. Quiero utilizarlo para entrar más profundamente en ella. Y poco a poco estoy reconociendo un recorrido que aparece una y otra vez en mi práctica:
SÍMBOLO
Algo aparece.
↓
ESCUCHA
¿Qué despierta en mí?
↓
PROFUNDIZACIÓN
¿Hay algo más que necesito explorar?
↓
CEREMONIA
¿Necesito celebrar, sostener, soltar, honrar o abrir algo?
↓
INTEGRACIÓN
¿Cómo regreso con todo esto a mi vida cotidiana?
No sé todavía si quiero llamarlo método, prefiero observarlo, practicarlo, dejar que siga mostrándome qué es, pero sí sé que ahí está el corazón de algo que para mí es cada vez más importante:
AUTOCONOCIMIENTO MÍSTICO.
Conocer los símbolos.
Conocer los ciclos.
Conocer los arquetipos.
Y, aun así, no dejar de conocerte a ti.
¿Y SI EL TAROT NO FUERA LA RESPUESTA?
Quizá la próxima vez que saques una carta no necesites sacar inmediatamente tres más para entenderla. Quédate un momento. Mírala. Observa qué te incomoda. Qué reconoces. Qué recuerdas. Qué parte de ti responde antes incluso de que hayas leído su significado. Y después, en lugar de preguntarle solamente:
“¿Qué significa esto?” prueba con otra pregunta:
¿QUÉ PUERTA ACABA DE ABRIR EN MÍ?
Quizá el Tarot no tenga que darte siempre la respuesta.
Quizá algunas veces su función sea mucho más interesante:
mostrarte por dónde entrar.
SER MÍSTICA 🌹Hacer de lo cotidiano algo sagrado.


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